Los años 80 fueron una época bastante peculiar por decirlo así y haber tenido la oportunidad de ser un niño, y adolescente en tal década es todo un privilegio y todo un hito dé haber sido testigos de casi cinco décadas de cambios vertiginosos en la vida moderna.
Los años 80 fueron una década marcada por cambios, estéticos, culturales y tecnológicos aunque todavía existían aquellos aparatos análogos y el acceso a los computadores personales no era para todos, excepto privilegiados si les podemos decir así. “Todo ello ayudó a transformar el estilo de vida de toda una generación”
La vida para los jóvenes de aquella época era muy distinta a la de hoy: sin el efecto mediático de internet, sin celulares; la televisión por cable también era un monstruo raro que no recuerdo del todo en aquella época y los canales nacionales y regionales mandaban la parada; ¡ah! Se me olvido MTV, hay veces no veía la hora de llegar a mi casa y admirar esos videos musicales que eran majestuosos y hechos con sudor y mucho trabajo pues sabemos que hasta los efectos especiales eran muy artesanales comparados con lo que puede ofrecer la tecnología hoy día.
Estados Unidos de América era en esa época más que nunca la WonderLand de los sueños y nadie igualaba el artificio comercial y espectacular que suponía era toda la industria del entretenimiento exportada desde ese país. Todavía lo es, lo diferente hoy es que el mundo moderno nos ofrece diversidad en el entretenimiento, producción artística y comercial o ¿Para qué entonces las plataformas de streaming?
La presencia de la cultura pop era más fuerte que nunca, teníamos una realeza musical que hoy se resiste a hacer olvidada con el tiempo y que siguen siendo un fuerte referente inclusive para artistas que en pleno siglo XXI apenas se dan a conocer.
El sonido de la música inigualable parlantes de grabadoras reproduciendo un casete grabado y rebobinando para repetir la canción que más nos gustaba o que tal las elaboradas portadas de los discos de larga duración todos unos ítems de colección que después despreciamos por los discos compactos y luego por la hoy relevante industria digital y de streaming qué dio un vuelco a todo.
Los jóvenes de los 80 estaban profundamente influenciados por la música. Bandas y cantantes memorables como The Cure, Queen, Madonna, Michael Jackson, Soda Stereo, Charly García, Nina Hagen eran íconos de la juventud y representaban un modelo estético y de rebeldía. Quien tenga memoria que no se olvide de los pasos de baile casi imposibles de Michael Jackson o de las Madonna Wanna be queriendo verse como ella con todos esos corsés, ropa que hacía referencia al post punk y grandes accesorios y que tal la admirada y la tan privilegiada voz de Freddy Mercury y disfrutamos de la música de Culture Club sin importar la vida privada o la estética andrógina de Boy George dejando que la música hablara por encima de cualquier otra cosa.
La información y la publicidad llegaban de forma menos invasiva: a través de la televisión, la radio o la prensa. Coleccionaban letras de canciones, afiches coloridos y entrevistas impresas. Ídolos del glam rock como Poison, Kiss, Cinderella; Bon Jovi vestían con maquillaje, brillos y prendas que hoy se juzgarán con otros ojos, pero que entonces desbordaban carisma y atractivo sin temor al qué dirán.




No se necesitaban redes sociales, ni escándalos mediáticos (Aunque si se hablaba mucho de sexo, drogas y rock and roll para no sonar hipócritas). Las verdaderas redes eran humanas: abrazos, miradas, bailes, canciones cantadas al unísono en una fiesta de adolescentes o un simple parche.
No olvidar que por allá a mediados de los 80 o un poco después, llegó la fiebre por el rock en español que invadió la radio, la calle, las fiestas de los adolescentes que con gracia o no bailaban, se hacían un pogo, no había necesidad de twerking porque sencillamente la sensualidad no dependía de ello. Bandas como: Soda Stereo, Los Toreros Muertos, Kraken, Alaska y Dinarama eran innovadores, teníamos por fin la música que tanto nos gustaba en nuestra propia lengua.
“Lo que más importaba era disfrutar su música; las posiciones en los rankings eran secundarias porque no eran números, se vivía la música desde el corazón y no como un mero producto estadístico. La música no se consumía por métricas ni reproducciones, se vivía con el alma.”.
¡Así que! la juventud de los 80 era realmente auténtica en alma, vida y corazón, soñaba sin algoritmos.

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Me parece exelente lo que de raesalta en lineas rojas y muy sentido el articulo. Me gustaria ver una bella fot de Madonna de los 80.s y no esta reciente. Que hablaan de cada una de estas estellas porque los jovens de hoy dia piensan que losidolos de ahora lo han hecho todo y no es asi, gracias.
Gracias Eloisa por tu comentario. Tienes toda la razón con tu observación de la foto; no es una excusa pero no es facil encontrar fotos libres de derechos de autor para publicar en estos medios. Lo tendré muy en cuenta en futuras publicaciones que haya una sincronía entre la época y la imagen . Muchos saludes. Anímate a enviarnos un artículo, sería muu chévere!
“SER JOVEN EN LOS AÑOS 80’S” es un artículo que nos remonta a nuestra bella, y amada mocedad, a muchos, en particular, a esa etapa que nos hizo sentir, amar, y vibrar por las emociones del despertar de nuestros sentidos, nuestros gustos, preferencias, moda, música, y arte, también. Lo relatado por Wilder Salgar, nos remonta con nostalgia, a recrear bellas memorias del enamoramiento, las amistades con las que nos divertíamos, y con las que hasta cometimos travesuras que aún hoy al recordarlas, nos arrancan una discreta carcajada.
Que bonito, que Wilder Salgar, con su audaz artículo, nos haya hecho viajar al pasado, y nos haya provocado a la añoranza, no a esa que entristece, sino que hace que el corazón vuelva a latir con la emoción de las cosas vividas, y disfrutadas, que en el presente ya no se viven igual, ya que las redes sociales, en apariencia han acercado mucho todos, pero ha creado una distancia también, al ya no hacer tan indispensable la presencia, por causa de la actividad virtual, dejando las relaciones humanas desprovistas, de ese sabor exquisito de la afectividad física, de la sonrisa, la voz, el guiño, o el abrazo, y el placentero calor humano quedando en gran parte reemplazados por los emoticonos, o los insípidos stickers.
Sin duda, los tiempos cambian, el lenguaje, al igual que la música, los ritmos, el criterio, los valores se relativizan, pero hay algo a lo que jamás se debería renunciar, a “vivir las cosas con el corazón, y con el alma” como menciona Wilder en el parrafo de cierre en su estupendo artículo.
Muchas gracias, Wilder Salgar.
¡FELICIDADES!
Gracias por tu comentario. Nos encanta que nuestros genX escriban artículos. Ojalá podamos seguir la conversación sobre lo que significó la música, y como esta ha permeado a las generaciones.
Desde luego que sí, desde ya mismo, un placer.
Aquí a su atención, y a sus órdenes.